Pienso, luego existo

martes, 23 de mayo de 2017

Entrevista a la escritora Ana Belén Rodríguez Patiño


Ana Belén Rodríguez Patiño (Cuenca, 1970) es Doctora en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid. Ha pronunciado charlas en la UNED, UCLM, y ha sido profesora de la UNIR (Univ. Internacional de la Rioja) en Madrid.

Guionista de documentales (Guerra Civil, maquis, primer franquismo, 2004-2008) para el Centro de Estudios de Castilla-La Mancha (Univ. UCLM) y cortometrajes de ficción (La foto de Harold Lloyd, Donde acaban los mapas, Stadium).

Ha publicado tres libros sobre la Guerra Civil en la ciudad de Cuenca (Del 18 de julio a la Columna Del Rosal, La revolución y la pugna ideológica, Guerra y represión en Cuenca, en 2003, 2004 y 2009) y escrito uno junto a Teresa Rico Alfosea, Las Cuatro Esquinas del Éxito (2011).

Tiene en su haber artículos sobre literatura e historia en prensa y libros especializados.

Escribió y dirigió monólogos cómicos en la sala alternativa madrileña Teatro de Las Aguas y en distintos Cafés Teatro  (2000 y 2004), con obras como Mare MágnumCómo ser un desastre y que aún así te quieran tus amigosHistoriasD2...

En el año 2000 ganó el Certamen de Relato Corto de Castilla-La Mancha con su texto "Vida Propia". Se haría una lectura dramatizada de la misma en Toledo, en el mismo año. Ha ganado otros premios de poesía y relato corto ("El escriba!, "El extraño caso del ingenio mecánico", "Historia de un molino"...)

Donde acaban los mapas fue su primera novela (noviembre 2013, Editorial Palabras de Agua). 

Publicó después la novela juvenil Las aventuras del joven Bécquer. Gustavo Adolfo y el misterio de los esqueletos andantes (diciembre 2014, Ediciones Juno).

En abril de 2015 ganó el Primer Premio de Narrativa Mujer al Viento 2015, de Torrejón de Ardoz, con su obra Todo mortal, editada por Playa de Ákaba.
En octubre de 2015 publicó su poemario 
La ciudad que hay en mí (Edit. Playa de Ákaba).

Ha participado en libros colectivos y ha coordinado antologías de relato para la Edit. Playa de Ákaba (Madrid en Feria, Personajes de novela). En los años 2015 y 2016 ha dirigido talleres de literatura.

Blog de la autora.


PREGUNTAS

-Ana, tras leer tu novela “Donde acaban los mapas”, me encuentro con que nos haces un recorrido minucioso por la China comunista de Mao… ¿Cuál es el motivo?

Llegué a esta historia un poco por casualidad. Haber practicado Tai chi durante una buena temporada me hizo interesarme por la mentalidad china. Pero mi gusto por la Historia Contemporánea hizo que investigara sobre el complejo siglo XX en aquel país, más que por su etapa clásica de grandes emperadores.
A partir de ahí, me encontré con un mundo fascinante y muy desconocido. Un mundo que me ofrecía muchas posibilidades para novelar: política, historia de poder, de injusticias vitales, amor…


-Como historiadora ¿es esta parte del mundo contemporáneo lo que más te atrae?

Como historiadora y escritora, con la edad contemporánea; como lectora, disfruto con cualquiera, la verdad.


-Alicia Aliorte, la protagonista, es una joven española que decide buscar su futuro en París, como muchos otros jóvenes españoles que se van en busca de sus sueños a otros países de Europa… ¿hay algo de ti en este personaje?

No, en absoluto. Mi personaje no es autobiográfico, aunque sí guarda conmigo algunas semejanzas, como el matiz del gusto por atlas y mapas desde niña, la pasión por viajar, el ansia de libertad... Es una mujer muy perdida en su vida, que trata de buscar su lugar en el mundo. No es mi caso, afortunadamente.


-Como especialista que eres en historia contemporánea no te habrá costado mucho elegir y desarrollar el tema, pero aun así, ¿necesitaste mucho tiempo para la documentación?

Pues nunca comienzo mucho antes la documentación que el desarrollo mismo de la novela. No tengo esa paciencia. Lo hago al mismo tiempo. Lo que sí hago, una vez pensada la idea inicial, es buscar datos que me ayuden a desarrollar aspectos de la trama, y así, poco a poco, evolucionan ambos procesos casi a la vez. Por ejemplo, mientras investigo sobre algo en concreto, escribo un pasaje, o un diálogo, que no precisa de ello.


-¿Sueles realizar una estructura previa cuando te planteas la escritura de una novela?

No. Pienso a grandes rasgos en la novela y desarrollo las líneas mentalmente, pero nunca escribo estructuras o contenidos de capítulos. Prefiero guardarlo en la memoria. Tenerla siempre en la cabeza me ayuda mejor a encontrar soluciones a las tramas. A veces he intentado escribir estructuras detalladas, pero termino por no cumplirlas.


-Todos los que escribimos sabemos que hay tres fases —generalmente y a grandes rasgos— en la escritura de cualquier narración: documentación, escritura y revisión. En este caso, refiriéndonos a tu novela “Donde acaban los mapas”, ¿qué parte de todas es la que más tiempo te costó?

No sabría decirlo. Escribí todos los días más de seis horas durante muchos meses, y el resto del tiempo no dejaba de pensar en cómo mejorarla o en lo que debía contar en la jornada siguiente. Al final, todo el proceso es muy intenso. Sí recuerdo la dificultad de encontrar información sobre muchos datos sobre la China de Mao, época aún muy silenciada. Y en cuanto a la revisión, esta nunca es fácil; pero es una fase que no me disgusta en exceso, porque creo que es, sin duda, la más importante de todas y donde de verdad se escribe una novela.


-Una cosa que siempre me gusta preguntar a los escritores con los que hablo… ¿Para ti, un escritor nace o se hace?

Para mí, sin duda, nace. Y se va formando durante toda su vida. Otra cosa es que, a base de esa formación, alguien sin especial talento pero con gran voluntad de trabajo, pueda escribir libros más que correctos. Tampoco esto va asociado a ventas. Existen escritores sin grandes mimbres que venden mucho, porque saben conectar con el público. Y grandes literatos que no llegar al lector. Este es un mundo muy complejo. Al final, da igual si se nace o no escritor: lo importante es emocionar al lector y hacer que siga tus novelas.


-Además de historiadora, guionista, narradora, poeta, etc., también eres profesora de talleres literarios… Yo soy de los que creen que es necesario tener —al menos— una inquietud (otros lo llaman don) para escribir y que luego se van aprendiendo las técnicas. Pero ¿crees que es posible aprender a escribir cuando no se ha nacido con ese “don”, con esa inquietud?

Este es un trabajo de formación continua, donde ayuda el tener esa mirada diferente a tu alrededor y la capacidad para transmitirla. Después, es imprescindible leer por encima de todo (yo siempre digo que diez veces más de lo que se escribe), estudiar, equivocarse, aprender técnica, etc. Todo cuenta. Aprender a escribir sin estas inquietudes es ciertamente difícil. Por lo menos, para llegar a un público que se entusiasme. Se pude escribir, no me cabe duda, pero, como para ser pintor, hay que tener de base unas pequeñas dosis de «algo» (llámalo capacidad, talento, aptitud…). 


-¿Ana, tus libros parten de una imagen o de una idea?

Surgen de una idea, de una imagen, de una inquietud por explicar algo en concreto… Incluso surgen mientras duermo (como Todo mortal y algunos relatos cortos).  Al final, creo que son las novelas las que me abordan, y no al revés. Escribir no es más que la necesidad personal de contar cosas, y de conseguir que a la gente le interese de verdad lo que cuentas.


-¿Alguna vez has tenido el temido “bloqueo del escritor”? ¿Cómo te enfrentas a la página en blanco?

Más que bloqueo, a veces es un poco de cansancio o haber escrito cosas que veía que no me convencían. Pero no me preocupo. Simplemente, dejo de escribir hasta que vuelvan las ganas, que pueden ser días o semanas. Y leo, leo, solo leo. Al final, la mente se relaja y te pide a gritos volver a sentarte y escribir.


-¿Sigues algún proceso a la hora de escribir? Es decir, ¿lo haces siempre a la misma hora, en el mismo lugar?

Mi método es que no tengo método, y eso no sé si es bueno o malo. Puedo escribir sobre cualquier superficie, en cualquier lugar y en horas muy distintas. Es cierto que he comprobado que la rutina del espacio y la hora ayuda mucho, pero a veces no siempre es posible. Tampoco me importa si hay silencio o no. Al final, te acostumbras a todo. Lo único importante son las ganas de ponerse a ello.


-Supongo que, como a todos los escritores, la edición es algo que te ha preocupado desde que comenzaste; pero ¿te ha resultado fácil encontrar editor? ¿Cómo ves el actual panorama literario español?

Donde acaban los mapas fue enviada a muchas editoriales, y le gustó a Palabras de Agua que, desde el primer momento, apostó por mi libro con el máximo interés y me brindó todo lo que desea un escritor: apoyo, una edición cuidadísima, presentaciones, presencia en ferias (¡incluso en la de Madrid), distribución...
Luego gané un concurso con mi segunda novela, que la Editorial Playa de Ákaba se encargó de editar. Aquí la experiencia también ha sido muy buena y he conseguido grandes amigos entre editores y escritores. La tercera novela la está moviendo mi agente.
Para bien o para mal, todo lo que he escrito ha sido publicado, incluso una novela corta juvenil, con lo que no tengo novelas guardadas en el cajón a las que tener que dar salida. Y eso me da mucha tranquilidad para afrontar las siguientes historias.

Sobre el panorama literario español, está claro que vivimos momentos complicadísimos. Y cuyas soluciones no son fáciles. Con el hecho de que se incidiera la educación ante los derechos de autor desde la infancia, y se fomentara el gusto por la lectura, creo que se daría un paso de gigante. Después hay que escribir historias que atrapen a un lector que disfruta en la actualidad de infinidad de alternativas de ocio. Pero la gente seguirá leyendo en el futuro si nos empeñamos en ello.


-Ana, tras publicar ya dos novelas y unos cuantos libros de historia, poemarios, participaciones en antologías… ¿imaginas de alguna manera  a tus lectores?

Afortunadamente, son muy variados, y en la misma proporción hombres como mujeres. Cuando escribo, lo hago con el pensamiento de emocionarles y de hacerles sentir mis historias. Me gusta conectar con los lectores, que es lo más bonito de este oficio. No escribo para mí. Si no, escribiría un diario.


-¿Cuáles son tus libros de cabecera, tus favoritos? ¿Y los que más han influenciado tu estilo literario?

He leído siempre estilos y autores muy distintos, por lo que creo que me resulta difícil contestar a eso. La poesía sí ha ejercido mucha influencia en mí a la hora de transmitir sensaciones. Creo que la poesía es la base de la literatura. La novela es solo una hija pequeña.


-¿Qué podrías decirles a los jóvenes autores y a los que no somos tan jóvenes, pero aún nos consideramos noveles? ¿Qué consejo o consejos le darías a un escritor principiante?

Cosas sencillas: paciencia y no tener prisa por publicar. Mientras, no dejar de leer, leer y pulir la técnica. No creo que haya mucho más.


-¿En qué obra o proyecto estás trabajando actualmente. Nos puedes adelantar algo?

Un editor me ha propuesto participar en dos proyectos que me ilusionan mucho, con otros autores, dentro de la novela histórica, en formato papel y digital. Tendrán gran publicidad y se publicarán en mayo y verano de 2018. Aunque falta tiempo, han de estar escritos después del verano, así que ya he comenzado a ello.
Y mientras las editoriales terminan de leer El mensajero sin nombre, que es mi tercera y creo que mi mejor novela, tengo en mente una novela corta, quizá solo en digital, y otra de la que ya he hablado con mi agente para que sea la próxima que movamos en papel.
También estoy corrigiendo Las aventuras del joven Bécquer, que dentro de varios meses iniciará nueva andadura. Y alguna cosa más que no puedo adelantar aún.
En definitiva, mucho trabajo en este 2017 con vistas ya al siguiente, que se presenta muy bueno.


-Ana, ha sido un enorme placer compartir este tiempo contigo, escuchar tus respuestas y aprender de una gran escritora, como eres tú… Muchas gracias por tu tiempo y por tu paciencia.


Mil gracias, Enrique. Para mí es un honor que un grandísimo escritor como tú, y gran amante de la literatura, me haga esta entrevista tan bonita. Ha sido un placer. Nos veremos entre páginas y por el mundo literario. Muchas gracias. 


martes, 9 de mayo de 2017

Entrevista a Jimena Tierra, autora de la novela "Equinoccio"



Jimena Tierra (Madrid 1979) es una escritora licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, especialista en materia financiera.

A lo largo de su trayectoria literaria ha realizado varios talleres de escritura creativa y género negro, impartidos por profesores como Alberto Olmos, María José Codes o Philip Kerr.

Es autora de algunos poemas y múltiples relatos cortos, entre los que destaca “Escombros”, ganador del concurso de Ediciones Saldubia 2014, que fue incluido en una antología. En el mismo año, fue galardonado su soneto “La vida es Aragón. La vida es sueño”, obteniendo el premio de lírica en la convocatoria Atrévete a rimar Aragón con... sueño.

Por medio de la editorial Playa de Ákaba, ha participado en el libro de entrevistas Hablar de libros es bueno y ha publicado su novela negra Equinoccio, llegando a convertirse en libro de éxito durante los tres primeros meses desde su presentación en octubre del 2016.

En la actualidad, combina la escritura con su labor de redactora cultural en diferentes medios. Entre ellos, el blog literario El invierno de las letras, con acceso desde su página web www.jimenatierra.com.






-Jimena, encantado de saludarte y de realizarte esta entrevista. Mi primera pregunta es satisfacer una curiosidad que tengo… ¿Por qué una novela con una secta satánica?

En una ocasión, un profesor de universidad puso una pregunta en un examen de filosofía. La pregunta era: ¿por qué? Los alumnos hacían cábalas sobre el porqué del universo, de la ciencia, se explayaban con Kant o con Descartes, pero solo hubo una matrícula de honor. Hubo un alumno que contestó: ¿y por qué no?



-La gran mayoría de las personas conocemos la existencia de numerosas y diversas sectas pululando por el mundo, sin embargo, desconocemos su funcionamiento interno, las distintas maneras de captación, etc… ¿Te costó mucho documentarte para escribir Equinoccio?

No supuso un esfuerzo como tal la documentación. Es un tema que me atrae y localicé información con gusto. Cuando se me ocurría una idea sobre cómo entroncar la trama, disfrutaba imaginando la cara que pondría el lector al desmontar sus expectativas.



-¿Qué te costó más, la documentación, la escritura o la revisión? ¿A qué dificultades te enfrentaste para escribir tu Equinoccio?

Soy muy minuciosa y revisé mucho la novela, sin darme cuenta de que, a medida que pasara el tiempo, nunca estaría a mi gusto porque nunca somos los mismos que hace un instante. De hecho, yo ya no soy la misma que acaba de escribir la palabra “instante”. Ese fue el verdadero problema. Cómo redactar las cosas, qué perspectiva darle con el paso de los días. Hay un momento en que, necesariamente, se debe cerrar y pasar página.



-Me encanta el personaje de Anastasio Rojo, un hombre frustrado por lo que la vida le dio (o le quitó), pero un hombre con valores, que nos enseña mucho a los lectores. ¿Qué hay de ti en este personaje?

Anastasio Rojo toma el nombre de una novela que me encantó en mi juventud, Edad prohibida, siendo los personajes Enrique y Anastasio. El apellido es crucial, toda novela negra tiene Rojo y Negro. Anastasio es un investigador nato. Como yo. Me encanta investigar, resolver dudas, seguir pistas. Incluso en la vida real.



-¿Y en cualquiera de los otros…? Por ejemplo, Verónica, una buena chica, o Eduardo, comprometido con sus ideas; pero ambos estudiantes de Derecho.

Verónica toma su nombre porque siempre se ha relacionado con el Diablo (además de con el toreo). Ambos tienen de mí la información jurídica necesaria, así como la duda existencial patente en toda la trama.



-Has realizado numerosos talleres literarios. ¿Has seguido a rajatabla lo que te han enseñado en ellos, o has incluido técnicas de tu propia cosecha, con las que tú ya te movías en el oficio?

Los talleres literarios son interesantes y necesarios. Te aportan herramientas técnicas sobre cómo mejorar el proyecto, dónde están tus errores, cómo imprimir celeridad a la narración o la forma de huir de los tópicos. También ofrecen algo fundamental: la convicción de que el escritor no es una solitaria especie en extinción incomprendida. Sin embargo, partiendo de unas nociones elementales sobre cómo ha de estructurarse una idea para que no sea un ejercicio caótico y desconcertante, el método de escritura con que hago mías las historias, es propio y autodidacta. En realidad, creo que es algo generalizado. Ningún taller puede ayudarte a encontrar las palabras adecuadas para expresar un concepto. Esa es la parte creativa, inherente al autor.



-Cuándo comenzaste –mejor dicho- cuando gestaste la idea en tu mente, ¿fue una imagen, una idea…? ¿Qué fue lo que te indujo a escribir esta novela?

Las sectas satánicas siempre me han resultado un campo muy interesante de estudio. Indagar en cómo una persona es capaz de conseguir que otra actúe contra sí misma sin ninguna medida coercitiva me resultaba fascinante. Necesitaba hacer algo diferente que supusiera una denuncia ante un fenómeno cercano y desconocido, algo que se alejase de los tópicos de terror que, lo único que consiguen, es hacer que la imagen se contemple desde la lejanía, como mero entretenimiento, sin involucrar al lector.



-¿Cuál fue el proceso que seguiste a la hora de plantearla y de escribirla, para evitar el temido “bloqueo del escritor”, si es que alguna vez lo has sufrido?

Había tanto que contar, y tantos filtros que hacer en toda la documentación que tenía, que no sufrí bloqueo del escritor. El único bloqueo fue organizar la información para que se plasmase lo más interesante, dejando fuera del argumento lo meramente anecdótico.



-El título es contundente, como debe ser un buen título. ¿Te cuesta mucho encontrar un título que merezca la pena para tus obras? ¿Qué proceso sigues para llegar a dar con el adecuado?

Muchísimo. Considero que los títulos no son lo mío. Busqué durante mucho tiempo frases con la palabra “diablo”, “mal”, “Satán”, etc. Pero estaba todo inventado. Finalmente, consideré que “Equinoccio” definía perfectamente lo que quería transmitir. Corto y directo a la yugular.



-Hablando del éxito de tu novela en estos meses… ¿Cuál crees que ha sido el éxito de la misma, además de estar bien escrita y enganchar al lector?

Hemos hecho muchas presentaciones literarias, y el acercamiento el autor novel siempre es importante. No basta con escribir bien. Es necesario darse a conocer.



-Sé que has escrito relatos, poemas y artículos; y que esta es tu primera novela… ¿te costó mucho dar el salto de esas disciplinas a la novela?

Escribir una novela siempre es un esfuerzo muy superior al de un relato, poema o artículo (sin desmerecer estas disciplinas). Cuando escribo, tengo la idea en mi mente y no la suelto. Duermo con ella, trabajo con ella, como con ella. Eso me resta vida social, concentración en otros ámbitos y dificultad de conciliación en mi vida familiar. Una novela implica una fuerte dedicación y, aunque sabía exactamente lo que quería escribir, fue difícil compatibilizarlo.



-Antes de conocer a tus lectores, que ya conoces a muchos tras esta novela ¿cómo les imaginabas antes?

Me había formado en la cabeza la idea de que mis lectores serían jóvenes interesados por los protagonistas. No en vano, además de satanismo hay escenas de sexo, menciones a grupos de rock, etc. Me he sorprendido del público tan variado que se ha sentido atraído por esta idea y, por supuesto, me ha hecho feliz ver que puede llegar más allá de lo que imaginaba.



-¿Cuáles son tus libros de cabecera, los que más te han influenciado y con los que más has aprendido en este noble arte de la escritura?

Si he de hacer una introspección, diría que Cyrano de Bergerac me maravilló. San Manuel Bueno, Mártir (que menciono en Equinoccio), fue uno de mis predilectos. Y, por decir un tercero, Señora de Rojo sobre fondo gris. Aquellas novelas marcaron un antes y un después en mí. Como ves, no hay ninguno escrito por mujeres. Empecé a leer literatura femenina mucho más tarde y, tal vez, ya había madurado lo suficiente como para dejarme sorprender con tanta facilidad.



-Ahora que has dado el salto a la novela, y sabiendo que tu producción literaria no para, ¿en qué estás trabajando actualmente?

Este mes de mayo publico un libro de relatos titulado Conozco tus secretos. Son relatos pesimistas, que escogen los rincones más retorcidos del ser humano y los llevan hasta sus últimas consecuencias arrojando al vacío la esperanza de bondad que pudiera albergar en el lector. No me realiza escribir sobre la belleza de la primavera. Vomito letras en forma de dardos envenenados, porque el mundo está lleno de crueldad y es necesario acercarla para verla bien, con la suficiente nitidez. Es la única manera de involucrarse sin cerrar los ojos.
Asimismo, para finales de año (principios del que viene) publicaré una nueva novela. Un nuevo caso de Anastasio Rojo, que espero que guste tanto o más que Equinoccio.



-Muchas gracias por tu tiempo, Jimena. Ha sido un placer enorme charlar contigo, además de leer tu novela, que tanto me gustó. Espero que tengas una carrera de éxitos y que muy pronto podamos “leerte” de nuevo.


Gracias a ti, Enrique, por tu amabilidad, por tu apoyo y por la magnífica reseña que has hecho sobre mi trabajo literario.




miércoles, 3 de mayo de 2017

Reseña de la novela "Equinoccio", de Jimena Tierra


Jimena Tierra (Madrid 1979) es una escritora licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, especialista en materia financiera.

A lo largo de su trayectoria literaria ha realizado varios talleres de escritura creativa y género negro, impartidos por profesores como Alberto Olmos, María José Codes o Philip Kerr.

Es autora de algunos poemas y múltiples relatos cortos, entre los que destaca “Escombros”, ganador del concurso de Ediciones Saldubia 2014, que fue incluido en una antología. En el mismo año, fue galardonado su soneto “La vida es Aragón. La vida es sueño”, obteniendo el premio de lírica en la convocatoria Atrévete a rimar Aragón con... sueño.

Por medio de la editorial Playa de Ákaba, ha participado en el libro de entrevistas Hablar de libros es bueno y ha publicado su novela negra Equinoccio, llegando a convertirse en libro de éxito durante los tres primeros meses desde su presentación en octubre del 2016.


En la actualidad, combina la escritura con su labor de redactora cultural en diferentes medios. Entre ellos, el blog literario “El invierno de las letras”, con acceso desde su página web.




Sinopsis:

“Equinoccio narra la enigmática historia de dos personajes solitarios que sobreviven en mundos paralelos y que verán sus caminos entrelazados a raíz del suicidio de un estudiante.

Eduardo Yuste es un recién licenciado que estudia oposiciones a judicatura intentando cumplir las expectativas de su padre fallecido. Insociable y apocado, comienza a sentirse atraído por un grupo de amigos atípico que le abre sus puertas introduciéndole en una excitante filosofía distinta de todo cuanto ha conocido hasta ahora.

Anastasio Rojo, un detective acabado tras el asesinato de su hija, retoma las riendas de su actividad con la esperanza de reconciliarse consigo mismo al presentársele un nuevo caso ante el que no puede mirar hacia otro lado.

Equinoccio es una trepidante novela desarrollada en un inframundo de personajes oscuros llevados al límite de su inconformismo”.



Mi opinión:

Acabo de terminar de leer la novela de Jimena Tierra —“Equinoccio”— y he cogido unos folios, en mi casa del pueblo, y me he puesto a escribir esta reseña sin esperar a meditar sobre ella con el paso de los días, cosa importante para que el poso que dejan las lecturas en mi interior se manifiesten como debe ser. No he podido sustraerme a la atracción inmediata que ha producido en mi ánimo, y tampoco he querido quedarme en el simple recuerdo de las notas que fui tomando durante su lectura. Quería escribir mis sensaciones, lo que ha producido en mí, con el eco de sus palabras aún reverberando en mi cerebro.

“Equinoccio” es una gran novela negra, o de terror, o de suspense… ¿Un thriller? La verdad es que no sabría en qué género encuadrarla. Quizá, lo correcto sería decir que tiene un poco de todos, y por eso me ha encantado su lectura.

Desde el principio encontramos dos líneas argumentales, alternándose en capítulos que se cruzan casi al final porque así debía ser, porque a la autora no le quedaba más remedio, pues son los propios personajes los que se buscan en ese paralelismo argumental, encontrándose y dejando que sus vidas se crucen, hallando las respuestas que buscaban unos en otros.

El ritmo narrativo es frenético desde el principio, no dejando espacio para el respiro ni la tranquilidad del lector. Nos engancha desde el primer momento, desde la primera línea, desde la primera imagen que Eduardo, uno de los protagonistas, ve desde la ventana de la habitación donde prepara sus oposiciones, en aquella parada de autobús.

Por otro lado, en la otra línea argumental, Anastasio Rojo, expolicía y detective privado sin casos que acometer e investigar, arruinado económica y moralmente desde un suceso espeluznante ocurrido hace ya algún tiempo, que le tocaba muy de cerca, y por el que se siente culpable e incapaz de perdonarse y de seguir adelante. Solo las botellas y los asiduos tragos de bourbon parecen atemperar su ánimo y permitirle conciliar el sueño y reconciliarse consigo mismo.

Los personajes están creados de manera magistral, con sus vicisitudes y sus defectos, que Jimena nos hace ver sin necesidad de contarnos nada; como debe hacer un buen narrador cada vez que se enfrenta a crear una “nueva vida”, construyendo un pasado que haga ver al lector que se trata de una persona real, de carne y hueso, de la que se pueda enamorar o a la que llegue a odiar.

Se aprecian claramente los conocimientos jurídicos de la autora, imprescindibles en esta novela. Pero, además, la documentación ha sido necesaria y laboriosa, en mi humilde entender, pues la gran mayoría de los mortales somos desconocedores de este inframundo exclusivo de las sectas, y menos aún de las sectas satánicas, que tan bien construida está en esta obra.

Como dije antes, los personajes son tan reales que nos parece reconocer en ellos a personas que conocemos, o hemos conocido, en algún momento de nuestras vidas. Los personajes que componen la secta, tal y como están construidos y elaborados, y conforme iba conociéndolos, llegaron a conquistarme de tal manera que llegué a aborrecerlos… ¡Buena señal! Sí, en eso consiste el trabajo bien hecho del escritor: los personajes deben apresar al lector, llegando a amarles o a convertirse en seres abominables. Que nos digan eso, tras leer una de nuestras obras, los escritores lo agradecemos de verdad…

Por otro lado, aunque Anastasio Rojo, nuestro detective, nos parezca acabado, la necesidad de investigar y aclarar sus propios misterios y su propio sufrimiento, su propia frustración, le hacen aceptar un nuevo trabajo que se convierte en todo un reto, encargo de un médico que aparece un día en su destartalado y decrépito despacho, quizá identificado y conocedor del problema con el que aún pugna el propio detective.

Esta novela de Jimena no me dejó indiferente, y no dejará indiferente a quien la lea, estoy seguro… Su lectura nos introduce en los recovecos amargos de la mente humana, nos muestra sentimientos encontrados que nos cuesta entender, nos hará recordar amores olvidados y verdaderos, nos colocará de lleno frente a la maldad del ser humano, esa que aún existe, aunque queramos negarlo. Nos hará leer sin poder parar, desmenuzando páginasy capítulos hasta llegar al final… Un final inquietante que en ningún momento se espera…

Por último, mi advertencia final: la autora utiliza un tono y un ritmo tan bien construidos, con unas descripciones precisas y claras, que habrá veces que el terror se apoderará de vuestro ser… Pero no debéis preocuparos, solo debéis seguir leyendo, sin parar, sin descanso; pero… eso sí… ¡No se os ocurra leer esta obra en soledad, ni en la oscuridad de la noche; ni por supuesto, al lado de un camposanto o templo olvidado…!

…Quedáis avisados…



miércoles, 19 de abril de 2017

Reseña de "Donde acaban los mapas", de Ana Belén Rodríguez Patiño



Ana Belén Rodríguez Patiño (Cuenca, 1970) es Doctora en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid. Ha pronunciado charlas en la UNED, UCLM, y ha sido profesora de la UNIR (Univ. Internacional de la Rioja) en Madrid.

Guionista de documentales (sobre Guerra Civil, maquis, primer franquismo, 2004-2008) para el Centro de Estudios de Castilla-La Mancha (Univ. UCLM) y cortometrajes de ficción (La foto de Harold Lloyd, Donde acaban los mapas, Stadium).

Ha publicado tres libros sobre la Guerra Civil en la ciudad de Cuenca (Del 18 de julio a la Columna Del Rosal, La revolución y la pugna ideológicaGuerra y represión en Cuenca, en 2003, 2004 y 2009) y escrito uno junto a Teresa Rico Alfosea, Las Cuatro Esquinas del Éxito (2011).

Tiene en su haber artículos sobre literatura e historia en prensa y libros especializados.

Escribió y dirigió monólogos cómicos en la sala alternativa madrileña Teatro de Las Aguas y en distintos Cafés Teatro  (2000 y 2004), con obras como Mare MágnumCómo ser un desastre y que aún así te quieran tus amigos, HistoriasD2...

En el año 2000 ganó el Certamen de Relato Corto Joven de Castilla-La Mancha con su texto Vida Propia. Se haría una lectura dramatizada de la misma en Toledo, en el mismo año. Ha ganado otros premios de poesía y relato corto (El escribaEl extraño caso del ingenio mecánico...)

Donde acaban los mapas fue su primera novela (noviembre 2013, Editorial Palabras de Agua). 

Publicó después la novela juvenil Las aventuras del joven Bécquer. Gustavo Adolfo y el misterio de los esqueletos andantes (diciembre 2014, Ediciones Juno).

En abril de 2015 ganó el Primer Premio de Narrativa Mujer al Viento 2015, de Torrejón de Ardoz, con su obra Todo mortal, editada por Playa de Ákaba.
En octubre de 2015 publica su poemario La ciudad que hay en mí (Edit. Playa de Ákaba).

Ha participado en libros colectivos y ha coordinado antologías de relato para la Edit. Playa de Ákaba. En los años 2015 y 2016 ha dirigido talleres de literatura.



Sinopsis:


Un hombre silencioso que huye, unas fotos que hablan de un pasado oscuro, un misterio de otra época y un hermoso relato de amor de hace más de cincuenta años que aún es capaz de emocionarnos.

En su periplo por el París actual, Alicia Aliorte irá conociendo todas las piezas que esconde la compleja personalidad de un anciano profesor, cuya historia llena de sorpresas deberá encajar en un extraño rompecabezas que comenzó hace medio siglo en China, en los albores de la Revolución Cultural, y que parece resolverse en la actualidad.

La intensidad en el desarrollo de los acontecimientos dará paso a un juego de pautas equívocas, donde los sentimientos encontrados, la importancia de los recuerdos y la libertad como eje de nuestras vidas conformarán un mosaico mágico y difícil de olvidar.

Misterio, amor y amistad viajarán con el lector a través de ciudades como Cádiz, París, Pekín, Shanghai, Viena y Londres. En una sorprendente historia que irá in crescendo y atrapará al lector hasta la última página.



Mi opinión:

Hoy os traigo la reseña de una novela de Ana Belén Rodríguez Patiño, a quien conocí tras participar en una de las antologías que ella ha coordinado para la editorial Playa de Ákaba.

Había leído algún relato de esta autora —y amiga— y debo confesar que su estilo literario, su manera de ensamblar las palabras y las frases en una narración no me pasaron desapercibidos. Sin embargo, esta novela de Ana Belén ha dejado un grato poso en mi interior. Es de esas narraciones de las que mantienes un recuerdo durante gran parte de tu vida por el sentimiento que produce en tu alma.

La historia nos acerca a la vida de una joven española —Alicia Aliorte— a quien las circunstancias de este convulso inicio del siglo XXI ha expatriado de su vida, de su familia, de su país, del chico al que amaba; buscando un sustento dentro de otras fronteras que no son las suyas y que, al principio, le resultan tan extrañas que echa de menos todo aquello que ha dejado atrás. Es la historia que identifica a muchos jóvenes españoles que deben iniciar una nueva vida en un país extraño, aunque cercano en muchos casos, carentes del calor que le aportan sus seres queridos.

La protagonista de este relato se encuentra en la capital francesa, en un París que la acoge sin sentimientos, con frialdad… Es una joven que espera noticias del que fue su novio, descontento con que ella se marchara buscando una vida mejor. Sin embargo, ante la frialdad con la que la acoge la “Ciudad de la luz”, encuentra una “familia” que le ofrece el cariño que añora, amigos de verdad, de los que ya casi no quedan, que la acompañan y apoyan incondicionalmente en esa nueva etapa de su vida.

Allí, por casualidad, en el entorno majestuoso de la Torre Eiffel, cerca de las góticas paredes de Notre Damme y en los aromáticos y exclusivos Campos Elíseos, encuentra a un anciano chino que imparte clases de Taijiquan en la tienda esotérica en la que ella trabaja (“El bosque Galo”), entablándose entre ambos una extraña y misteriosa amistad que llevará a Alicia a descubrir cosas que jamás esperaba.

El estilo con que Ana Belén desarrolla esta bella historia de amor y de supervivencia es magistral, desgranando en cada página un sinfín de sentimientos sin llegar a describirlos, haciendo que el lector los descubra por sí mismo y se emocione sin quererlo. Eso me ocurrió a mí en muchas de sus páginas, donde las lágrimas se me escapaban sin darme cuenta, salvo por la humedad que iban dejando a su paso por mis mejillas.

La sencillez con que la autora nos va sumergiendo en la historia, con gran conocimiento de la China de los años sesenta y posteriores, de la China maltratada de Mao (¿o es mejor decir por Mao?), nos revela conflictos sociales y políticos que la gran mayoría desconocemos, y que solo una autora como Ana Belén, especialista en Historia Contemporánea, nos puede regalar.

El ritmo y el tono de la narración se mantienen uniformes de principio a fin, sin necesidad de introducir estridencias que hagan removerse al lector en su asiento. Ana Belén elige ese tono y ese ritmo porque son los adecuados para su novela, para mostrarnos lo que va ocurriendo sin necesidad de complicadas descripciones que los ralentizarían, que nos harían perdernos detalles que solo nuestra imaginación reproduce al tiempo que nuestros ojos se deslizan por las frases escritas.

La sabiduría, la sensibilidad, la amistad incondicional, el suspense, la curiosidad, la incertidumbre, el amor… Todo ello está contenido en esta preciosa novela. Ana Belén, con su estilo sencillo, directo y efectivo, hace que nos conmovamos, a veces; que nuestro corazón se acelere ante las intrigas de la organización que sigue a Jin Tao, el anciano a quien Alicia decide proteger porque teme por su integridad; a quien persigue su pasado, por el que lleva huyendo los últimos años de su vida. Otras, las lágrimas se nos escapan ante la delicadeza de los personajes, creados magistralmente por la autora, con unas vidas repletas y llenas de alegrías y sinsabores, mostrándolos tan completos y reales que perfectamente pudieran ser personajes históricos que han pasado por la vida, tan auténticos que pudieran ser personas a quien nos encontramos por la calle, con sus defectos y virtudes, con sus miedos y complejos.

Una novela preciosa, que recomiendo sin lugar a dudas, tan real como la vida misma; escrita con sensibilidad y rigor histórico, con la ternura que una mano femenina podía imprimirle, con el suspense que nos ofrece una autora experta, sin necesidad de complicados e intrincados recursos literarios que no harían otra cosa que dificultar su lectura, y con un final inesperado y sorprendente que te deja reflexionando cuando cierras el libro y aún lo mantienes en tus manos.



miércoles, 5 de abril de 2017

Entrevista a la escritora Eva María Medina, autora de la novela "Relojes muertos"


Eva María Medina (Madrid, 1971) es licenciada en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid. Autora del libro de relatos Sombras (Editorial Groenlandia, 2013), y coautora de Generación Subway Breve Vol. I (Playa de Ákaba, 2014). Ha obtenido diversos premios literarios por sus cuentos, que han sido publicados en distintas revistas literarias, españolas y latinoamericanas, y en diversas antologías. Relojes muertos es su primera novela.


«En esta novela Eva María Medina teje una urdimbre compleja en torno a unos personajes que desde el principio se nos antojan tan cercanos como nosotros mismos, logrando una especial amalgama entre la realidad y la locura y arrastrándonos inevitablemente en el torbellino de la existencia del protagonista, marcada por la esquizofrenia, pero también por el anhelo de buscar un motivo que justifique y dé sentido a su azarosa y atormentada vida.
Una obra excelente que nos adentra en los tortuosos caminos de la locura, en los vericuetos de las vidas atroces de unos personajes, de inabarcable y tumultuosa complejidad, marcados por la tragedia y empeñados en liberarse de sus tribulaciones personales.
Eva María Medina construye esta prodigiosa novela con una prosa escueta, concisa, sin alharacas ni elucubraciones, que huye de la escritura previsible y de falsas erudiciones, pero que es hasta tal punto eficaz que nos mantiene en vilo durante la lectura de esta novela corta pero no menos apasionante, tan personal, tan infrecuente, tan literatura en estado puro.»

(Extracto del prólogo de Juan Manuel de Prada)



PREGUNTAS:


—Para empezar, Eva, me gustaría darte la enhorabuena por tan notable novela, que me ha sorprendido de manera muy grata por tu conocimiento de la psique humana. ¿Por qué un protagonista esquizofrénico? ¿Qué motivación tuviste a la hora de crearlo y de confeccionar la trama de tu novela?

—Muchas gracias por tus halagos, Enrique. A mí el tema de la locura siempre me ha interesado. Muchos de mis relatos —como «Tan frágil como una hormiga seca» y «Ser el otro»— comparten esta misma obsesión. Me preocupaba, y sigue preocupándome, esa línea tan fina que existe entre cordura y locura, lo fácil que es traspasarla y verse al otro lado. Me inquieta el sufrimiento de los enfermos mentales, el rechazo social, lo difícil que es la convivencia con ellos, el ostracismo al que la propia enfermedad y la sociedad los retrae, la frustración del que quiere ayudar y no sabe cómo…
Para conseguir meterme en la piel del personaje principal, y de algunos secundarios, para crear personajes verosímiles, tuve que documentarme sobre las enfermedades mentales, en especial la esquizofrenia. Me fueron de gran ayuda ensayos como Sobre la locura de Fernando Colina o Genio artístico y locura. Strindberg y Van Gogh de Karl Jaspers, donde su autor desarrolla un estudio comparativo de las trayectorias vitales y artísticas de Strindberg, Swedenborg, Hölderlin y Van Gogh, incluyendo una indagación estricta sobre las relaciones entre locura y creatividad artística. Sin embargo, fueron los libros de ficción que abordaban este tema los que más me influyeron. Grandes novelas como El atestado de J.M.G. Le Clézio, Mi alma en China de Anna Kavan, Huida a las tinieblas de Arthur Schnitzler, Sophia de Colin Thubron, Delirio de David Grossman, Inferno de August Strindberg, Alguien voló sobre el nido del cuco de Ken Kesey, Delirio de Laura Restrepo, y Tierra de David Vann.
Estas y otras lecturas me acercaron al problema subrayándome aspectos de su psique comunes en estos enfermos: sus alucinaciones (sobre todo auditivas), el desdoblamiento que pueden llegar a sufrir, su relación directa con un ser superior, que suele ser Dios, llegando incluso a sentir a ese ser superior dentro de ellos («Una especie de religión se ha creado en mi interior», nos cuenta el narrador protagonista de Inferno de Strindberg). Alteraciones en la percepción: objetos que se trasforman y les hablan, «una farola canta» en Inferno; «el blanco, al moverse, se animaliza. El negro se negrifica» percibe Adam, el personaje principal de El atestado de Le Clézio, el cual también escucha «el murmullo de una caída vecina de motas de polvo, en alguna parte debajo de un mueble.» Se creen víctimas viviendo un destino prefijado; carteles, señales, anuncios o sueños predicen su destino. Reciben malos o buenos augurios. A veces se sienten dirigidos por otra persona. El loco, al igual que el alcohólico, tiene momentos de una afinada cordura, pero también sufre embotamiento. Manía persecutoria, vértigo, mareos, angustia, insomnio, obsesiones, miedos, premoniciones, ansiedad, ira, tendencia a discutir, violencia y desinhibición (se impone el inconsciente, rompiéndose el encorsetamiento civilizatorio) suelen formar parte de su vida.
El psiquiatra y ensayista Fernando Colina en su libro Sobre la locura nos explica:
«En su polo esquizofrénico, en cambio, es el temor al contacto con el otro, vivido como invasor y maléfico, lo que le arrastra a la soledad pasiva y al desinterés por el mundo. Pero también el esquizofrénico puede reaccionar en sentido contrario, cuando a veces se agita y se disocia en una vertiginosa movilidad que no encuentra motivación».


—¿A qué dificultades te enfrentaste para escribir tu Relojes muertos?

—A la dificultad de escribir una historia sobre un enfermo mental se unía la de escribir mi primera novela, en primera persona, y cuyo personaje principal es del sexo contrario. Hubo momentos de desaliento, cuando el material se iba acumulando y me costaba dar sentido y coherencia al texto.


—El título es maravilloso, permíteme que te lo diga, muy acertado y contundente… Tras leer la novela, reconoces el porqué de este título, pero ¿podrías explicárselo a nuestros lectores, con el fin de darles un incentivo para leerla?

—Gracias, Enrique. El título, Relojes muertos, está estrechamente relacionado con la temática principal del libro, la locura. Los locos son esos relojes que ya no funcionan aunque les demos cuerda. Pero también hace referencia a esas personas que, tras sufrir grandes tragedias, están muertos en vida.
Además, genera un campo semántico amplio en la novela —como la historia del viejo que habla al reloj de pared, los cuentos que el protagonista se inventa, una pesadilla sobre una redada de relojes…— que ayuda a crear esa idea de universo cerrado.


—¿Te cuesta mucho encontrar un título que merezca la pena para tus obras? ¿Qué proceso sigues para llegar a dar con el adecuado?

—Sí, me cuesta. No sigo ningún proceso, surge de un modo natural una vez que estoy involucrada en la historia. En Relojes muertos el título surgió de una escena que luego solo insinué. Escena en la que Herminia le cuenta al protagonista que durante su última visita a su hijo al psiquiátrico, este estaba tan ansioso por arreglar el reloj que heredó de su padre —intentándole dar cuerda para que funcionase—, cuando el mecanismo de su mente estaba mucho más averiado. Esa escena fue una especie de revelación que alumbró el título.


—Cuándo comenzaste –mejor dicho- cuando gestaste la idea en tu mente, ¿fue una imagen, una idea…? ¿Qué fue lo que te indujo a escribir esta novela?

—Fue una idea la que hizo germinar un relato que, una vez acabado, siguió dando vueltas en mi cabeza. Por ello, decidí desarrollar la historia con mayor profundidad.


—A lo largo del proceso de su escritura, ¿tuviste que enfrentarte alguna vez con la tan temida página en blanco, que a los escritores nos atormenta en ocasiones?

—Por supuesto. Muchas veces es el miedo lo que nos provoca ese bloqueo; el miedo a no escribir bien, a no ser bueno… Pero si lo haces sin analizar lo que estás escribiendo a cada momento, puedes sacar ideas, alguna frase buena… Lo demás ya se irá moldeando. El proceso de la escritura es lento y requiere mucha paciencia.


—¿Cuál fue el proceso que seguiste a la hora de plantearla y de escribirla?

—Aunque suelo tener claro el principio y el final de cada historia, en el acto de escribir se va desarrollando la trama y van surgiendo bifurcaciones por las que nunca hubiera pensado que caminaría. Esto es lo mágico de la escritura, los descubrimientos que vas haciendo a medida que te adentras en la historia. En Relojes muertos hice la estructura capítulo a capítulo, aunque fue más un trabajo de escenas y de ir uniendo las piezas de un puzle intrincado.


—¿Qué te costó más tiempo y esfuerzo: estructurarla y escribirla, o corregirla?

—No podría decirte, es difícil deslindar el entramado. Afronté las tareas preliminares: documentación, elección del tono general, del narrador y el punto de vista. Trabajé el texto durante años. Lo dejé reposar un tiempo. Lo retomé de nuevo; mes tras mes, año tras año, hasta dejar de ver errores. Creo que cuando el autor ya no puede hacer nada más por el texto debe, humildemente, poner el punto final. Pero esto cuesta mucho porque nunca estás satisfecho. Cuando relees la novela, pasado un tiempo, siempre descubres errores y piensas en las mejoras que podrías hacer. «Para las verdaderas novelas», estima John Gardner, «no hay sustitutivo de la maduración lenta, muy lenta», y yo opino que esta es la única manera de abordar un proyecto serio.


—Más adelante te preguntaré por tus libros de cabecera, los que siempre llevas contigo; pero noto cierta influencia kafkiana en tus escritos. Mucha de tu producción literaria tiene que ver con lo onírico, con alucinaciones extrañas de los personajes, con esa parte oscura que tenemos los seres humanos… ¿Es cierto que muchos de tus escritos se ven influenciados por el autor checo?

—Sinceramente no lo sé, me resulta muy difícil analizar lo que escribo o del modo que lo escribo. Si muchos de mis escritos, como tú lo consideras,  se ven influenciados por Kafka, es totalmente inconsciente. Es uno de mis autores predilectos porque la esencia de su literatura está muy ligada a mis preocupaciones más íntimas: incomunicación, soledad, alienación… Confieso que cuando, en mi adolescencia, leí por primera vez a Kafka, algo en mi interior se quebró. Me zambullí en esa zona fronteriza entre el sueño y la vigilia; y en ese mundo inhabitable, incomprensible, me sentí desvalida, desorientada. El dolor, el desespero, la frustración de sus personajes los hice míos. Ahora, cuando releo sus relatos, estos siguen removiéndome. Solo la gran literatura puede hacerlo, y Kafka lo hace, y de qué modo.


—Eres autora de relatos, de hecho, todos tus libros publicados han sido de relatos hasta esta primera novela, que no deja a nadie indiferente, ¿te costó mucho dar el salto de la narración corta a la novela?

—Me costó adaptarme a la disciplina de trabajo que requiere la escritura de una novela. Tienes que dar lo mejor de ti mismo, relegar muchas cosas para dedicarte con intensidad al proyecto. No solo por ser mi primera novela sino también por mi carácter —perfeccionista y extremadamente exigente— fui muy autocrítica. Tenía que escribir la mejor novela que mi talento y trabajo me permitiesen.


—¿Te has preguntado alguna vez qué puede aportar tu literatura, tu arte, a la sociedad, incluso a la propia vida? Porque todos escribimos por vocación y siempre queremos que el lector se entretenga, pero también queremos que nuestros escritos remuevan, de alguna manera, algo en las vidas de los lectores…

—Deseo que mis libros remuevan al lector, porque la buena literatura lo hace, y quiero escribir buenas historias. Sobre la aportación de mis relatos a la sociedad, nunca me lo he planteado. Si te soy sincera, no tengo muchas esperanzas de que la literatura vaya a transformar nada, soy bastante escéptica al respecto; puede que haga reflexionar a algunas personas. Si escribo es porque necesito contar lo que me abruma, y la escritura es la mejor medicina que conozco.


—¿Cómo los imaginas, a tus lectores?

‒Me los imagino muy parecidos a mí; gente activa, con aficiones culturales, creativos, idealistas…


—Como te adelanté anteriormente, te haría esta pregunta. ¿Cuáles son tus libros de cabecera, los que más te han influenciado y con los que más has aprendido en este noble arte de la literatura?

—Muchos, quizá demasiados. Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes. El castillo, La metamorfosis y El proceso de Frank Kafka. El ruido y la furia, y Mientras agonizo, de William Faulkner. La náusea de Jean-Paul Sartre. Rayuela y Los cuentos completos, de Julio Cortázar. Y cualquier novela de L.N. Tolstói, F. Dostoyevski, Virginia Woolf, Clarice Lispector, Miguel de Unamuno, Albert Camus, Bohumil Hrabal, Sándor Márai, Heinrich Böll, Thomas Bernhard, Albert Cohen, John Cheever…


—¿Y tus autores favoritos, los que podrías considerar maestros en tu carrera literaria?

—Miguel de Cervantes, Frank Kafka, William Faulkner, F. Dostoyevski, L. N. Tolstói, Virginia Woolf, Clarice Lispector, Marcel Proust, Miguel de Unamuno, Sándor Márai…


—Ahora que has dado el salto a la novela, y sabiendo que tu producción literaria no para, ¿en qué estás trabajando actualmente?

—Estoy escribiendo una novela sobre el alcoholismo. Intento adentrarme en la mente de un alcohólico, hacerme las preguntas desde dentro del personaje, y contestarlas, o intentar hacerlo, dejando puertas abiertas para que el lector libremente las cruce.


—Muchas gracias por tu tiempo, Eva. Deseo y espero que el éxito siempre te acompañe y vaya en aumento… Sé que será así, no tengo ninguna duda.


—Gracias a ti, Enrique, te agradezco el entusiasmo con el que has leído mi libro. Además, ha sido un placer contestar a tus preguntas.