Pienso, luego existo

martes, 9 de mayo de 2017

Entrevista a Jimena Tierra, autora de la novela "Equinoccio"



Jimena Tierra (Madrid 1979) es una escritora licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, especialista en materia financiera.

A lo largo de su trayectoria literaria ha realizado varios talleres de escritura creativa y género negro, impartidos por profesores como Alberto Olmos, María José Codes o Philip Kerr.

Es autora de algunos poemas y múltiples relatos cortos, entre los que destaca “Escombros”, ganador del concurso de Ediciones Saldubia 2014, que fue incluido en una antología. En el mismo año, fue galardonado su soneto “La vida es Aragón. La vida es sueño”, obteniendo el premio de lírica en la convocatoria Atrévete a rimar Aragón con... sueño.

Por medio de la editorial Playa de Ákaba, ha participado en el libro de entrevistas Hablar de libros es bueno y ha publicado su novela negra Equinoccio, llegando a convertirse en libro de éxito durante los tres primeros meses desde su presentación en octubre del 2016.

En la actualidad, combina la escritura con su labor de redactora cultural en diferentes medios. Entre ellos, el blog literario El invierno de las letras, con acceso desde su página web www.jimenatierra.com.






-Jimena, encantado de saludarte y de realizarte esta entrevista. Mi primera pregunta es satisfacer una curiosidad que tengo… ¿Por qué una novela con una secta satánica?

En una ocasión, un profesor de universidad puso una pregunta en un examen de filosofía. La pregunta era: ¿por qué? Los alumnos hacían cábalas sobre el porqué del universo, de la ciencia, se explayaban con Kant o con Descartes, pero solo hubo una matrícula de honor. Hubo un alumno que contestó: ¿y por qué no?



-La gran mayoría de las personas conocemos la existencia de numerosas y diversas sectas pululando por el mundo, sin embargo, desconocemos su funcionamiento interno, las distintas maneras de captación, etc… ¿Te costó mucho documentarte para escribir Equinoccio?

No supuso un esfuerzo como tal la documentación. Es un tema que me atrae y localicé información con gusto. Cuando se me ocurría una idea sobre cómo entroncar la trama, disfrutaba imaginando la cara que pondría el lector al desmontar sus expectativas.



-¿Qué te costó más, la documentación, la escritura o la revisión? ¿A qué dificultades te enfrentaste para escribir tu Equinoccio?

Soy muy minuciosa y revisé mucho la novela, sin darme cuenta de que, a medida que pasara el tiempo, nunca estaría a mi gusto porque nunca somos los mismos que hace un instante. De hecho, yo ya no soy la misma que acaba de escribir la palabra “instante”. Ese fue el verdadero problema. Cómo redactar las cosas, qué perspectiva darle con el paso de los días. Hay un momento en que, necesariamente, se debe cerrar y pasar página.



-Me encanta el personaje de Anastasio Rojo, un hombre frustrado por lo que la vida le dio (o le quitó), pero un hombre con valores, que nos enseña mucho a los lectores. ¿Qué hay de ti en este personaje?

Anastasio Rojo toma el nombre de una novela que me encantó en mi juventud, Edad prohibida, siendo los personajes Enrique y Anastasio. El apellido es crucial, toda novela negra tiene Rojo y Negro. Anastasio es un investigador nato. Como yo. Me encanta investigar, resolver dudas, seguir pistas. Incluso en la vida real.



-¿Y en cualquiera de los otros…? Por ejemplo, Verónica, una buena chica, o Eduardo, comprometido con sus ideas; pero ambos estudiantes de Derecho.

Verónica toma su nombre porque siempre se ha relacionado con el Diablo (además de con el toreo). Ambos tienen de mí la información jurídica necesaria, así como la duda existencial patente en toda la trama.



-Has realizado numerosos talleres literarios. ¿Has seguido a rajatabla lo que te han enseñado en ellos, o has incluido técnicas de tu propia cosecha, con las que tú ya te movías en el oficio?

Los talleres literarios son interesantes y necesarios. Te aportan herramientas técnicas sobre cómo mejorar el proyecto, dónde están tus errores, cómo imprimir celeridad a la narración o la forma de huir de los tópicos. También ofrecen algo fundamental: la convicción de que el escritor no es una solitaria especie en extinción incomprendida. Sin embargo, partiendo de unas nociones elementales sobre cómo ha de estructurarse una idea para que no sea un ejercicio caótico y desconcertante, el método de escritura con que hago mías las historias, es propio y autodidacta. En realidad, creo que es algo generalizado. Ningún taller puede ayudarte a encontrar las palabras adecuadas para expresar un concepto. Esa es la parte creativa, inherente al autor.



-Cuándo comenzaste –mejor dicho- cuando gestaste la idea en tu mente, ¿fue una imagen, una idea…? ¿Qué fue lo que te indujo a escribir esta novela?

Las sectas satánicas siempre me han resultado un campo muy interesante de estudio. Indagar en cómo una persona es capaz de conseguir que otra actúe contra sí misma sin ninguna medida coercitiva me resultaba fascinante. Necesitaba hacer algo diferente que supusiera una denuncia ante un fenómeno cercano y desconocido, algo que se alejase de los tópicos de terror que, lo único que consiguen, es hacer que la imagen se contemple desde la lejanía, como mero entretenimiento, sin involucrar al lector.



-¿Cuál fue el proceso que seguiste a la hora de plantearla y de escribirla, para evitar el temido “bloqueo del escritor”, si es que alguna vez lo has sufrido?

Había tanto que contar, y tantos filtros que hacer en toda la documentación que tenía, que no sufrí bloqueo del escritor. El único bloqueo fue organizar la información para que se plasmase lo más interesante, dejando fuera del argumento lo meramente anecdótico.



-El título es contundente, como debe ser un buen título. ¿Te cuesta mucho encontrar un título que merezca la pena para tus obras? ¿Qué proceso sigues para llegar a dar con el adecuado?

Muchísimo. Considero que los títulos no son lo mío. Busqué durante mucho tiempo frases con la palabra “diablo”, “mal”, “Satán”, etc. Pero estaba todo inventado. Finalmente, consideré que “Equinoccio” definía perfectamente lo que quería transmitir. Corto y directo a la yugular.



-Hablando del éxito de tu novela en estos meses… ¿Cuál crees que ha sido el éxito de la misma, además de estar bien escrita y enganchar al lector?

Hemos hecho muchas presentaciones literarias, y el acercamiento el autor novel siempre es importante. No basta con escribir bien. Es necesario darse a conocer.



-Sé que has escrito relatos, poemas y artículos; y que esta es tu primera novela… ¿te costó mucho dar el salto de esas disciplinas a la novela?

Escribir una novela siempre es un esfuerzo muy superior al de un relato, poema o artículo (sin desmerecer estas disciplinas). Cuando escribo, tengo la idea en mi mente y no la suelto. Duermo con ella, trabajo con ella, como con ella. Eso me resta vida social, concentración en otros ámbitos y dificultad de conciliación en mi vida familiar. Una novela implica una fuerte dedicación y, aunque sabía exactamente lo que quería escribir, fue difícil compatibilizarlo.



-Antes de conocer a tus lectores, que ya conoces a muchos tras esta novela ¿cómo les imaginabas antes?

Me había formado en la cabeza la idea de que mis lectores serían jóvenes interesados por los protagonistas. No en vano, además de satanismo hay escenas de sexo, menciones a grupos de rock, etc. Me he sorprendido del público tan variado que se ha sentido atraído por esta idea y, por supuesto, me ha hecho feliz ver que puede llegar más allá de lo que imaginaba.



-¿Cuáles son tus libros de cabecera, los que más te han influenciado y con los que más has aprendido en este noble arte de la escritura?

Si he de hacer una introspección, diría que Cyrano de Bergerac me maravilló. San Manuel Bueno, Mártir (que menciono en Equinoccio), fue uno de mis predilectos. Y, por decir un tercero, Señora de Rojo sobre fondo gris. Aquellas novelas marcaron un antes y un después en mí. Como ves, no hay ninguno escrito por mujeres. Empecé a leer literatura femenina mucho más tarde y, tal vez, ya había madurado lo suficiente como para dejarme sorprender con tanta facilidad.



-Ahora que has dado el salto a la novela, y sabiendo que tu producción literaria no para, ¿en qué estás trabajando actualmente?

Este mes de mayo publico un libro de relatos titulado Conozco tus secretos. Son relatos pesimistas, que escogen los rincones más retorcidos del ser humano y los llevan hasta sus últimas consecuencias arrojando al vacío la esperanza de bondad que pudiera albergar en el lector. No me realiza escribir sobre la belleza de la primavera. Vomito letras en forma de dardos envenenados, porque el mundo está lleno de crueldad y es necesario acercarla para verla bien, con la suficiente nitidez. Es la única manera de involucrarse sin cerrar los ojos.
Asimismo, para finales de año (principios del que viene) publicaré una nueva novela. Un nuevo caso de Anastasio Rojo, que espero que guste tanto o más que Equinoccio.



-Muchas gracias por tu tiempo, Jimena. Ha sido un placer enorme charlar contigo, además de leer tu novela, que tanto me gustó. Espero que tengas una carrera de éxitos y que muy pronto podamos “leerte” de nuevo.


Gracias a ti, Enrique, por tu amabilidad, por tu apoyo y por la magnífica reseña que has hecho sobre mi trabajo literario.




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